Evaluación posterior al desarrollo de las actividades con propósito formativo y sumativo

Ideas evaluación

Evaluación formativa y sumativa posterior a las actividades:

La evaluación posterior al desarrollo de las actividades, puede tener, básicamente, dos propósitos: un propósito formativo de retroalimentación y un propósito sumativo, que permite determinar si se han cumplido los objetivos y las expectativas, definidas en relación al desempeño de los estudiantes.

Después que una persona lleva a cabo una actividad, tiene una apreciación de los efectos y de los resultados que se producen, en función de sus expectativas previas.

Por ejemplo, alguien que desea aprender a manejar una bicicleta, lo primero que hace es practicar: realiza ejercicios (acciones) con el objetivo (expectativas previas) de subirse en la bicicleta, mantener el equilibrio y lograr desplazarse por diferentes tipos de rutas (resultado). Si pierde el equilibrio cuando se desplaza por una curva, quiere decir que el resultado de su acción no es el que está esperando y, por lo tanto tendrá que seguir practicando, hasta que logre mantener el equilibrio en la bicicleta, a través de los movimientos de su cuerpo, independiente que sea en un camino recto o con curvas. Lo mismo ocurre cuando alguien desea aprender a hablar en un idioma. En el ámbito de la pronunciación, intentará decir palabras y oraciones (acción) del modo como las dice un hablante del idioma que desea aprender (expectativas). Se oirá a sí mismo al pronunciarlas (resultado), ya sea escuchando directamente su voz o apoyándose con una grabadora. Podrá asumir metas de mayor envergadura, como leer una página completa en el idioma que aprende, sin equivocarse. Entonces, su acción será la lectura de la página, su expectativa, desarrollar esta lectura sin errores y el resultado, la valoración de su acción en función de la expectativa que se propuso.

En el caso de las actividades evaluadas en la escuela, muchas veces el resultado de las acciones es determinado por un observador externo (el profesor) al estudiante que realiza las acciones. Este resultado se traduce en una calificación que, en el fondo, pasa a transformarse en el resultado que el alumno percibe.

Parece de primera importancia educar y fomentar la valoración que el propio sujeto es capaz de hacer en relación a su manera de actuar. En lugar de transmitir un juicio severo y paralizante, proveniente de una mirada externa, vale la pena promover un tipo de compromiso de los estudiantes, basado en altas expectativas en torno a sí mismos y a sus capacidades. Si ellos interiorizan estas altas expectativas, la evaluación que se realiza con posterioridad al desarrollo de las actividades, deberá ser, naturalmente, precisa, rigurosa y sistemática; no castigadora, sino, por el contrario, habilitadora. En este contexto, la crítica tiene una función positiva y cordial: no se hace para destruir, inhibir o reprimir, sino para mejorar y liberar lo mejor que hay en cada persona.

Por lo tanto, se propone un método de evaluación basado en la autoevaluación asistida, acompañada por el docente. El profesor planifica el proceso, orienta las actividades, describe los objetivos, establece los indicadores y el estudiante, en primera instancia, califica su trabajo y su desempeño. Es recomendable que esta evaluación se lleve a cabo después de cada actividad que se realiza.