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La evaluación convencional aliena a los estudiantes de su aprendizaje

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La evaluación alienante

Un estudiante prepara una prueba relacionada con un tema determinado. Lee la materia que le han pasado en clases e intenta retener aquella información que (él piensa) le preguntarán en la prueba. Rinde la prueba. Responde las preguntas. Después de unos días recibe la prueba de vuelta, con correcciones de distinto tipo y con una nota que representa cuán acertadas o equivocadas estuvieron sus respuestas. La acción que debe llevar a cabo, es responder la prueba en el momento que se lo piden, para lo cual, se supone, debió prepararse, es decir, realizar otras acciones previamente, como atender en clases, leer, esquematizar, retener información, etc. El resultado de su acción, está dado por la nota que obtiene, por lo tanto, la expectativa de atender en clases, estudiar, prepararse y responder las preguntas de la prueba se relaciona, esencialmente, con una calificación. Si estudia a los Griegos antiguos, no es para comprender la vida de los Griegos antiguos, ni la historia Clásica, ni la manera cómo elementos de una cultura pueden prevalecer en el tiempo y trasladarse a otras culturas. Al menos, no es el interés principal.

El interés principal que promueve la escuela en los estudiantes a través de las materias que imparte y de la forma que evalúa, mediante el uso de pruebas, es la obtención de buenas calificaciones. Un buen resultado de las acciones, se le convierte en algo equivalente a una buena calificación. En el fondo, este tipo de mecanismo de evaluación, que se encuentra extensamente difundido y utilizado, incentiva la “alienación” entre las acciones que realizan los estudiantes para “aprender” y los resultados que obtienen. Es el mismo esquema que, posteriormente, se traslada al ámbito del trabajo, donde las personas llevan a cabo actividades que pueden no tener sentido ni valor para ellas, pero que reportan un pago en dinero (salario), del que dependen para subsistir.

El problema es que esta forma de alienación que promueve el sistema educativo a través de la evaluación de las actividades que realizan los estudiantes, no termina en la escuela. Más bien, enseña a las personas a separar las consecuencias y el alcance de sus acciones, de los resultados que se pueden conseguir, en términos de reconocimiento social. El mensaje es el siguiente:

“lo que importa no son las consecuencias, positivas o negativas, que usted puede apreciar a través de su acción, sino aquellos resultados que los demás reconocen, que la sociedad valora, a través de mecanismos complicados e incomprensibles. Da lo mismo que usted comprenda la importancia de los griegos en la historia, o que sepa cómo abstraer y manejar mentalmente el espacio físico a través la geometría. Da lo mismo, siquiera, que estos temas le interesen, ya que lo que verdaderamente importa es obtener una buena calificación en Historia o en Matemática. Si usted copia o hace trampa en una prueba, puede ser descubierto y será sancionado, sin embargo, si no lo descubrimos, podrá obtener buenas calificaciones sin tener que trabajar en algo que, probablemente, no le interesa, que es ajeno a usted. Además, no tiene ninguna garantía de que sus acciones produzcan el resultado que espera”.

En función de este relato, el esfuerzo de muchos profesores se orienta a aumentar los mecanismos de control, reforzando una ecuación que enajena a los estudiantes de sí mismos, de su aprendizaje y de su acción en el mundo, en lugar de abordar el problema de fondo: la falta de sentido de la educación actual y el carácter autoritario de la evaluación. En esta misma dirección, bajo la misma estructura de disociación entre las consecuencias e implicancias de la propia acción y los resultados que hemos aprendido a valorizar, tienen lugar, probablemente, muchos de los graves y peligrosos conflictos que hoy enfrentamos como sociedad: la contaminación del medio ambiente, el crecimiento de la desigualdad, la intolerancia, la violencia y la xenofobia, el aumento de las enfermedades mentales, etc. La idea de que, mientras no me descubran, puedo dar rienda suelta a mis intereses y mis apetitos, aún cuando afecte y dañe a otros, está directamente relacionada con la falta de responsabilidad hacia mí mismo y hacia los demás, y la obsesión por el éxito a corto plazo que se aprende desde la escuela. ¿Cuánto de esto ocurre, hoy en día en las grandes ciudades? ¿Cuánto de esto tendrá que ver con la educación que se está entregando a las generaciones más jóvenes?