proceso de cuantificación

Uso de instrumentos de evaluación basados en la cuantificación de criterios

Ideas evaluación

Instrumentos basados en la cuantificación

Los criterios de evaluación son proposiciones lingüísticas que permiten reconocer, en primera instancia, determinadas facetas o dimensiones de la realidad y, en segunda instancia y en algunas oportunidades, cuantificar estas facetas o dimensiones.

Para expresar los criterios de evaluación, hay que tener en cuenta que, al ser construcciones verbales cuya decodificación depende de cada sujeto, es necesario utilizar el lenguaje de manera precisa, tratando de apelar a referentes claros y no demasiado abstractos, ya que lo que se trata de observar y valorar mediante estos criterios son comportamientos y no entelequias. En este sentido, es conveniente proponer estos criterios a los estudiantes al inicio del proceso educativo, así como dejar un espacio para que los comprendan, pregunten en torno a su significado y realicen sugerencias para adaptarlos y modificarlos, si es que lo estiman necesario.

Cuando estos criterios se refieren a saberes o a aprendizajes, existen diferentes maneras de redactarlos, dependiendo del modelo de formación y de evaluación que se esté utilizando. Estos criterios pueden redactarse como objetivos e indicadores de objetivos. Cuando estos criterios se redactan como competencias, necesitan seguir una estructura acorde con los postulados de la formación por competencias.

En relación a la cuantificación de los criterios de evaluación, en términos generales, el procedimiento se realiza de la siguiente forma: una vez que se definen dichos criterios, se puede establecer a) una escala binaria que permite reconocer la presencia/ausencia del elemento que se está evaluando, o b) representar la evaluación del elemento a través de valores discretos o continuos.

Es posible traducir a números la valoración que se lleva a cabo en relación a los indicadores y, posteriormente, realizar cálculos matemáticos para describir cuantitativamente un determinado fenómeno. Se supone que los cuestionarios, los test y las pruebas de rendimiento están basadas en la evaluación a través de criterios y que permiten medir y calificar el saber y el aprendizaje de los estudiantes. Vale decir, son actividades que requieren que el estudiante se comporte de una forma determinada (responda) y, en función de los indicadores que se han establecido para evaluar su comportamiento, se pueda determinar cuánto sabe o cuánto ha aprendido.

En síntesis, una calificación se obtiene de la cuantificación de uno o varios criterios de evaluación que se descomponen en indicadores. Estos indicadores, a través de la observación del comportamiento del estudiante, “indican” el saber que, a su vez, “indica” o representa el aprendizaje.

Cuando la evaluación basada en criterios se lleva a cabo mediante el uso de pruebas escritas, el objeto que se pretende valorar (aprendizaje) es el último eslabón de una cadena conformada por múltiples representaciones o procesos de abstracción. De por sí, valorar el aprendizaje es ya algo complejo. Por esta razón es que, en secciones anteriores, hemos planteado que es preferible distinguir entre evaluación del saber y del aprendizaje, y considerar que en la mayoría de los casos lo que estamos valorando es el saber de un estudiante, en un momento determinado.

Así mismo, cuando la participación del estudiante se limita, simplemente, a responder una prueba con criterios, indicadores y preguntas elaborados por otras personas que, posteriormente, además, se encargan de revisar y valorar sus respuestas y calificarlas, al menos cabe hacerse la pregunta de qué utilidad posee este mecanismo. Primero que todo, es improbable que realmente mida aprendizajes o saberes significativos. En segundo lugar, es más improbable, todavía, que permita apoyar y fomentar el proceso de aprendizaje del alumno.

Por esta razón, afirmamos que la cuantificación de criterios a través de indicadores, sólo puede ser una herramienta útil cuando el estudiante participa, integra y comprende dichos criterios e indicadores y es él quien, en primera instancia, es capaz de reconocerlos y valorarlos en su comportamiento, en contraposición a una evaluación tradicional, donde sólo se considera una mirada externa que juzga el comportamiento de otro.

Para que la evaluación basada en criterios realmente tenga sentido, debe estar integrada dentro de una propuesta global de evaluación que, primero que todo, redefina el propósito del evaluar y modifique los roles tradicionales incorporados en la escuela. El estudiante es un aprendiz, un sujeto en formación, con inquietudes, motivaciones y con la necesidad de crecer y de adaptarse, positivamente, como ser humano. El docente, por su parte, no es un mero reproductor de contenidos y de prácticas carentes de significado, sino un profesional de la educación, con perfil de investigador del aprendizaje humano, que está para acompañar, retroalimentar y guiar al estudiante en su proceso de formación.

Una propuesta global de evaluación, incorpora la evaluación basada en criterios, pero no con el objetivo principal de medir y de clasificar, sino de consolidar un referente, basado en la cuantificación de criterios, que permita, tanto al docente como al estudiante, dialogar, generar juicios constructivos y tomar buenas decisiones en relación al saber y al aprendizaje.