Propuesta de evaluación

Propuesta de evaluación

Modelo basado en autoevaluación asistida

1.- Preparación inicial de las actividades de aprendizaje y de los procedimientos y criterios de evaluación

En un primer momento, antes de comenzar con la ejecución del curso, es necesario planificar las actividades que se llevaran a cabo, en función de los objetivos o de las competencias definidas para alcanzar en el proceso. La planificación se realiza por actividad, no por contenido. Esto, debido a que el proceso debe ordenarse en función del hacer del estudiante. La premisa básica es que “se aprende haciendo”. Incluso el saber conceptual se adquiere porque el sujeto, para aprender, algo hace con los conceptos: los relaciona entre sí, los aplica en situaciones concretas, los traduce a diferentes tipos de lenguaje, etc.

La propuesta que se desarrolla a continuación pretende someter esta lógica del contenido a una lógica basada en la actividad. ¿De qué manera? Pensando, en primer término, en los niveles de complejidad y la relación que existe entre una actividad y otra, en función de un aprendizaje determinado.

a) Distribución de las actividades en unidades temporales

Una vez definidas todas las actividades del curso, es necesario distribuirlas en unidades temporales, de acuerdo a los objetivos o competencias considerados en el curso, y determinar cuáles interesa que sean evaluadas y de qué manera.

Ahora bien, la típica unidad temporal para organizar las actividades es la clase. Como algunas actividades pueden ser abordadas fuera de la clase presencial (tareas) aparecen nuevas unidades temporales, como la semana o el intervalo de días que hay entre una clase y otra.

Es recomendable elaborar una lista con todas las actividades planificadas para el curso, organizadas de acuerdo a las unidades temporales. Opcionalmente, para las unidades temporales se puede utilizar un nombre o un título que resuma el conjunto de actividades de esa unidad. A su vez, las unidades temporales pueden ser agrupadas en unidades temáticas mayores, sólo con el propósito de facilitar la comprensión del proceso.

b) Desglose de las actividades en acciones y en criterios cuantitativos de evaluación

Como se ha dicho anteriormente, las actividades se determinan en función del hacer del estudiante. Toda tarea y todo evento que se programa en un proceso educativo, tienen como propósito el aprendizaje y la formación del alumno, por lo tanto, requieren ser pensados desde esta óptica. Incluso aquellas actividades donde el profesor expone, explica algo o muestra algún tipo de recurso, deben responder a la pregunta ¿qué se espera que el estudiante haga con aquello?. Por ejemplo, si el profesor muestra un vídeo, ¿qué se espera que el estudiante haga con él y a través de él? ¿que tome algún tipo de apunte? ¿que responda preguntas formuladas con anterioridad? ¿o que capture fragmentos relevantes de acuerdo a su punto de vista?. La actividad de aprendizaje no es, en este caso, exponer el vídeo, sino observarlo y atender a él de una cierta manera.

Dicho esto, necesitamos precisar las actividades que hemos programado en relación a un determinado objetivo, a través de acciones más específicas, que deriven en indicaciones que se puedan concretizar. Para tal efecto, debemos tener en cuenta las principales características de una actividad de aprendizaje, que fueron descritas en el capítulo anterior: a) capacidad o inteligencia que pone en juego; b) si se basa o no en el uso de alguna herramienta; y c) si se trata de una actividad individual o colectiva.

Una vez que hemos definido las actividades, determinado las acciones y definido sus principales características, estamos en condiciones de desarrollar los criterios de evaluación y sus respectivos indicadores.

En el paso siguiente, vamos a elaborar una escala de 1 a 5, que utilizaremos para ponderar las actividades y los criterios e indicadores de evaluación de cada actividad, en función de la relevancia que tienen desde el punto de vista del aprendizaje.

Primero ponderamos las actividades y luego, ponderamos los criterios e indicadores de evaluación, en función de su relevancia, desde el punto de vista del aprendizaje.

Finalmente, necesitaremos determinar una nueva escala para puntuar los criterios e indicadores de evaluación, una vez que las actividades sean desarrolladas. En términos simples, esta escala corresponde a la calificación que se asigna al trabajo del estudiante, una vez que se presenta.

c) Diseño de las memorias cualitativas del proceso de aprendizaje

Para recoger y analizar información en torno al aprendizaje de los estudiantes, necesitaremos implementar determinados mecanismos para construir un registro de observaciones, reflexiones, entrevistas y evidencias de trabajo relacionadas con el desarrollo de las actividades. En este sentido, se considera la construcción de un portafolio digital, por parte de los alumnos, y de un cuaderno de registro, por parte del docente, como memorias cualitativas del proceso de enseñanza-aprendizaje. Este ejercicio ayudará, tanto a comprender la propia acción y mejorar las formas de participación, como a evaluar el saber y el aprendizaje en el curso, al final del proceso.

Es recomendable comenzar a completar estas memorias desde el primer día de clases. Para la evaluación final, el profesor dispondrá de dos fuentes que le permitirán obtener una visión más integral y más holística del proceso de aprendizaje de cada estudiante: el portafolio completado por el estudiante y cuaderno de registro desarrollado por el mismo docente.

d) Elaboración preliminar del contrato de aprendizaje

El contrato de aprendizaje o contrato didáctico, no sólo permite aclarar la forma de trabajo y de evaluación que se adoptará en un determinado curso, sino que también favorece un tipo de participación basada en la autonomía y en la responsabilidad del estudiante hacia su propio proceso. Como se mencionó en el capítulo anterior, en términos generales, se trata de un acuerdo formalizado entre el profesor y el estudiante, donde se hacen explícitos los compromisos de ambas partes, durante un período de tiempo determinado.

Considerando que se trata de un documento cuyo principal propósito es explicitar una disposición adecuada para trabajar en el curso y no pretende ser un contrato de tipo legal, no es necesario ni conveniente incorporar cláusulas que describan sanciones o castigos por incumplimiento.

En esta fase, se debe desarrollar una primera versión de este contrato de aprendizaje, la cual, posteriormente, será discutida con los estudiantes durante las primeras clases para incorporar modificaciones y mejoras, si se considera pertinente.

e) Elaboración de la evaluación para los elementos que condicionan el aprendizaje

Mediante el contrato de aprendizaje, entre otras cosas, se involucra al estudiante con aquellos elementos que forman parte del diseño del curso, como los objetivos, la metodología de trabajo y los procedimientos de evaluación. De esta manera se pretende, también, que la valoración que haga de estos elementos sea desde una perspectiva participativa y de mayor compromiso.

Por otra parte, el portafolio digital, como un dispositivo cualitativo de evaluación, es una herramienta que también permite recoger información en torno a la manera cómo los estudiantes perciben y valoran aquellos factores que inciden en su proceso de aprendizaje. Para tal efecto, es recomendable incorporar en las indicaciones para su elaboración, preguntas relacionadas con este tipo de valoración.

Finalmente, se recomienda aplicar una encuesta a los estudiantes, más o menos, en la mitad del proceso, para obtener información en torno a la valoración que están haciendo del papel del docente, de la metodología de trabajo, del espacio y de los recursos que tienen disponibles para trabajar. Algunos aspectos que podrían incorporarse en esta encuesta, son los siguientes:

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2.- Uso de plataformas educativas para configurar la evaluación del curso

Actualmente existe una amplia gama de plataformas educativas virtuales, que permiten gestionar contenidos y actividades educativas en línea y que pueden ser utilizadas de manera complementaria al trabajo que se realiza en el aula, o como recursos que funcionan de manera independiente de instancias presenciales de formación. En el primer caso, se habla de blended learning o b-learning y en el segundo de e-learning.

El e-learning, por lo tanto, se refiere a un tipo de educación a distancia, en el que se integra el uso de las TIC (Tecnologías de la información y la comunicación) y otros elementos pedagógicos (didácticos) para la formación, capacitación y enseñanza de los usuarios o estudiantes en línea. Literalmente, se trata de un aprendizaje a través del uso de medios electrónicos, dentro de los cuáles se pueden contemplar diversas herramientas, como Internet, intranets, CD-ROM, producciones multimedia, etc.

El b-learning, es un tipo de formación combinada, donde se incorporan tanto clases presenciales, como actividades de e-learning, con el objetivo de aprovechar las ventajas de ambos tipos de enseñanza.

En cuanto a las ventajas que se suelen destacar en la formación presencial, existe un vínculo más cercano entre el profesor y el estudiante, pudiendo desarrollarse una comunicación directa y cara a cara. Esto mismo se aplica, a la relación entre los compañeros de un curso. Otro elemento que vale la pena mencionar, es que en la formación presencial el estudiante necesita comprometerse con un tipo de participación que le exige destinar un tiempo determinado y una forma de dedicación. Requiere “estar allí”. En la formación virtual, muchas veces aquella flexibilidad que se considera una ventaja, se convierte en una desventaja, en el sentido de que es muy fácil para el estudiante, apartarse de los compromisos asumidos. Es probablemente que, por esta razón, la deserción en los cursos e-learning siempre se ha mantenido en niveles altos.

Algunas de las plataformas educativas virtuales, que podemos encontrar para configurar cursos y gestionar contenidos, son las siguientes:

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Descripción general

Moodle

es una aplicación web de tipo Ambiente Educativo Virtual y una plataforma LCMS (Learning Content Management System), creada por el australiano Martin Dougiamas. Su diseño se basa en las ideas del constructivismo y en el aprendizaje cooperativo. En la actualidad, es una de las plataformas educativas de mayor difusión en todo el mundo. Destaca su gran versatilidad. Al ser una aplicación de software libre, su distribución no tiene costo económico y cuenta con un importante número de extensiones, que permiten adaptarla a requerimientos específicos de las instituciones que la incorporan.

Claroline

está presente en más de 100 países y es traducida a más de 35 idiomas. Destaca la facilidad para gestionar el espacio de trabajo. Es una plataforma simple e intuitiva y no requiere habilidades especiales.

Dokeos

es un entorno de e-learning y una aplicación de administración de contenidos de cursos y también una herramienta de colaboración. Esta construida a través de software libre y bajo licencia GNU GPL. Es una plataforma certificada por la OSI y puede ser usada como un sistema de gestión de contenido (CMS) para educación y educadores.

ATutor

es un Sistema de Gestión de Contenidos de Aprendizaje, Learning Content Management System de Código abierto basado en la Web y diseñado con el objetivo de lograr accesibilidad y adaptabilidad. Se trata de una aplicación de rápida instalación y uso. Los educadores tienen la posibilidad de ensamblar, empaquetar y redistribuir contenido educativo, y llevar a cabo sus clases online. Es el primer LCMS completamente conforme a las especificaciones de la accesibilidad de W3C WCAG 1.0 en el nivel de AA+, permitiendo el acceso a todos los estudiantes potenciales, instructores, y administradores

SWAD

es un sistema de gestión de aprendizaje o ambiente educativo virtual libre para gestionar las asignaturas, estudiantes y profesores de una o varias instituciones docentes. Actualmente, está disponible en 9 idiomas y se utiliza en la Universidad de Granada,9 10 11 12 13 en la Universidad Nacional de Asunción y en el portal OpenSWAD.org

WebCT

Web Course Tools, o Herramientas para Cursos Web, es un sistema comercial de aprendizaje virtual online. Una de sus principales características es la flexibilidad de las herramientas para el diseño de clases

Chamilo

es una aplicación de software libre desarrollada con el objetivo de mejorar el acceso a la educación y el conocimiento. Actualmente Chamilo es muy popular en el sector académico. Varias universidades y academias de toda Europa y Latinoamérica lo usan.

En términos generales, las plataformas educativas programadas en software libre requieren instalarse en un servidor web, primariamente Apache o IIS, configurado correctamente para servir archivos PHP.

Ahora bien, para personas que no son técnicas en informática ni programadores, ni disponen de un especialista que pueda poner dichas plataformas a funcionar en algún servidor, la opción más sencilla es comprar un espacio de hosting que incluya un dominio y que posea una herramienta de administración como “Cpanel” y un script como “Fantástico” o “Softaculus Apps”. Se recomienda que este espacio de hosting, además de contar con una capacidad de almacenamiento de 1GB o más, tenga una velocidad de acceso apropiada, dependiendo de la cantidad de usuarios que se piensa que podrán ingresar de manera simultánea a trabajar en la plataforma.

Una vez que se cuenta con un dominio y acceso al hosting, basta con seguir los pasos que automatizan el proceso de instalación.

3.- Ejecución del programa formativo

Una vez que se han preparado las actividades y los procedimientos y criterios de evaluación, y se ha programado el curso ya sea, mediante una plataforma educativa virtual, o simplemente a través de la elaboración de materiales y documentos, estamos en condiciones de ejecutar el programa formativo y las actividades que se derivan de él.

La evaluación debe llevarse a cabo de manera continua y permanente. El docente evalúa y retroalimenta cada una de las actividades que desarrolla un estudiante, lo que no significa que deba, necesariamente, calificarlas. Además, cuando se califica, se trata de una evaluación parcial, no definitiva que, perfectamente puede cambiar, cuando se entrega el portafolio digital al finalizar el proceso. Vale decir, las calificaciones que se obtienen a lo largo del curso no se promedian. Simplemente son referencias para mejorar determinados aspectos de una actividad, de un trabajo o de un producto. En lenguaje pedagógico, se trata de una evaluación formativa.

El profesor debe atender a que los estudiantes cumplan con cuatro cosas:

  • Desarrollar las actividades

  • Evaluar cuantitativamente las actividades, aplicando criterios e indicadores establecidos de antemano

  • Evaluar cualitativamente las actividades, reflexionando en torno a ellas y, principalmente, en torno a su aprendizaje. Para tal efecto, se completa la bitácora, que será fundamental al momento de construir el portafolio.

  • Mejorar las actividades ya realizadas, en función de la evaluación cualitativa y cuantitativa.

Así mismo, el profesor debe, también, atender a completar, con cierta periodicidad, información en su memoria cualitativa del proceso de enseñanza.

4.- Evaluación y análisis de las actividades desarrolladas y de los saberes adquiridos

Solamente al finalizar el curso es posible determinar si se han cumplido o no los objetivos establecidos al inicio del programa. En este sentido, el procedimiento de aplicar pruebas, calificarlas y luego promediar las notas que se han obtenido, no tienen ningún fundamento, desde el punto de vista del progreso en el aprendizaje ni de la adquisición o demostración de saberes.

Mediante la propuesta aquí presente, se ha optado por entender la evaluación de aprendizajes y de saberes, como un proceso de investigación, que recoge información de tipo cualitativa y cuantitativa, y que al finalizar un programa de enseñanza, procesa y analiza esta información para valorar los saberes alcanzados por los estudiantes y determinar en qué medida se han alcanzado los objetivos iniciales. Todo esto incorporando, no solo el punto de vista del docente, sino también del estudiante.

En términos concretos, en esta etapa final se propone:

  • Dejar al menos una fracción del tiempo que dura un curso (se recomienda un 10%), para procesar, discutir y sistematizar esta evaluación final con los estudiantes, que en lenguaje pedagógico se denomina evaluación sumativa.

  • Para traducir el saber de los estudiantes demostrado a partir del desarrollo de las actividades a una calificación, preguntar primero a cada uno de ellos, mediante el informe final de calificación.

  • Cotejar el informe final de calificación con las evidencias disponibles a través del portafolio digital, de los trabajos entregados durante el curso y de la memoria cualitativa del proceso de enseñanza.

  • Si las actividades se corresponden, en términos generales, con la propuesta de calificación entregada por el estudiante en función de los criterios de evaluación determinados al inicio del curso, se respeta la calificación del alumno, con la posibilidad de un ajuste mínimo por parte del docente.

  • Si las actividades entregadas no se corresponden con la propuesta de calificación entregada por el estudiante, en función de los criterios de evaluación establecidos, generar una instancia de diálogo personal con el estudiante. En esta instancia, el profesor hace el ejercicio de verificar, junto al estudiante, la presencia y el desarrollo de los criterios de evaluación en las actividades e intenta llegar a un acuerdo con él en torno a la calificación.

Finalmente, vale la pena señalar que en muchos de los sistemas educativos que funcionan en la actualidad, nos encontramos con una importante limitación para desarrollar con total pulcritud este proceso de evaluación compartida y basada en el diálogo, entre profesor y estudiante. Esta limitación tiene que ver con el carácter que posee la educación para dichos sistemas: cuando un aprendiz no cumple con las expectativas que existen hacia él en relación a su saber, de trasfondo, opera un conjunto de amenazas y de castigos que merman la posibilidad de un diálogo honesto y fructífero en torno a su aprendizaje. En este sentido, es necesario potenciar con fuerza la motivación para que los estudiantes alcancen los objetivos de un programa educativo, pero, al mismo tiempo, deben existir alternativas que permitan acoger a aquellos que no los alcanzan. La idea es que si no se adquieren los saberes necesarios para terminar un proceso formativo, sea más atractivo reconocer esta realidad, que tener que mentir y manipular para evitar asumir las consecuencias de un fracaso.